Apicultura de bosque. La senda de las abejas


Apicultura-en-el-bosqueAunque ya se nos haya olvidado, hubo un tiempo en el que las abejas de la miel habitaban en las oquedades de los árboles, normalmente centenarios,  sin intervención y ayuda de los hombres. Este hecho ya poco habitual, ha quedado registrado tanto en los nombres de ciertos bosques como en los libros que recogen las prácticas apícolas de aquella época.

Eva Crane, afirma en  “El libro de la miel”, que el concepto de  la propiedad de los árboles que contenían nidos de abejas estaba muy extendido. Los derechos del propietario eran aceptados y respetados. El apicultor era ayudado por otros hombres de su grupo para llegar al nido y abrirlo. Se conocen casos en las zonas tropicales de Asia y  África, y hay crónicas completas que prueban que estaba muy extendida la cría de abejas en los árboles de los bosques del norte de Europa durante la Edad Media.

Los “senderos de abejas”, a lo largo de los cuales había árboles con abejas, se mencionaban a menudo en los testamentos de aquel tiempo, y las tierras con frecuencia eran legadas a los monasterios. No se permitía talar dichos árboles, hubiera o no abejas en ellos, porque los huecos sin abejas no podían podían ser usados posteriormente por los enjambres. El Código de Iván el Grande (1550) establecía multas por destruir y robar los árboles de abejas.

En cada árbol que alojaba abejas, el hombre colocaba un puerta rectangular o circular para proporcionar fácil acceso al nido y proteger las abejas. En el tronco del árbol se encuentra la marca del dueño del árbol, una cruz. En el Bosque nuevo de Hampshire, quedan todavía restos. Como la tierra y los árboles eran propiedad de la corona, la puerta era ocultada con musgo.

Encina con abejas.

Encina con abejas.

Oquedad con abejas en parque público

Oquedad con abejas en parque público. Fuente: Blog mieles del Rudrón

Y sin ir más lejos, los habitantes de la dehesa salmantina, rondando los 70 años, todavía recuerdan haber ido a  medianoche a “robar” la miel a las abejas que habitaban en los robles o encinas. Miel clara  en primavera que ponían como si fuera oro sobre el pan, y mieles oscuras si se recogía a finales de verano o comienzos del otoño. Y más de uno nos ha contado lo mal que lo pasó, ya que muchas veces iban poco protegidos, esperando que  la bondad de las abejas les permitiera salir sin picaduras. “No era necesario que el árbol fuera de tu propiedad, contaba más la valentía de atreverse a meter mano al enjambre”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s